martes, 25 de noviembre de 2014

EL SALVAJE OESTE... ESPAÑOL


La Norteamérica española a finales del siglo XVIII / Wikipedia

Me estoy creciendo. Dije dos entradas atrás que, en realidad, lo que los nacionalistas catalanes quieren es que Barcelona sea la capital de España, y van el PP y el PSOE y coquetean con la idea de trasladar instituciones del Estado a Cataluña. Proponen que el Senado; yo digo que también el Consejo de Ministros, las diputaciones, TVE con Mariló Montero incluida y todas las autonómicas; así, cuando se independicen, se quedarán con la morralla y los demás empezaremos de cero.

Días después hablé de la falta que hace, para el caletre y la cartera, que haya más ficción histórica en España, aprovechando mismamente nuestra Historia; pues va Scorsese y anuncia un proyecto sobre Hernán Cortés con Benicio del Toro de cómplice. ¡Atención, que voy a anunciar el Gordo de este año! No, mejor me lo callo: tó pa'mí; ni sobre pal'Manu ni hostias...

Portada de la revista Desperta ferro: "La conquista de México" (Nº 12)
¿Por qué no hemos producido en España películas o series con aquellos conquistadores de imperios? Ya propuse un par de explicaciones en la entrada anterior de este blog: problemas de financiación, vanidad hidalga y, como consecuencia de esta, ausencia de espíritu comercial. Y, en el caso de los personajes históricos que tuvieron que ver con Iberoamérica, añado sentimiento de culpa e ignorancia. Como nos sentimos culpables, echamos un velo sobre aquellos capítulos y corremos a disculparnos.

Lo del sentimiento de culpa no solo me parece innecesario, sino también ajeno: un arma usada por nacionalismos distintos del español, si es que hay algo con este nombre -nacionalismo español- más allá de un caricaturesco torrentismo de barra, del ¡Lololo! en los campos de fútbol y del fascismo de toda la vida. Quien me diga que la derecha y el centro izquierda españoles son nacionalistas están más cegatos que yo, que lo soy magno; los corsarios que saquean su propia nación no son patriotas, son traidores, bonito término que habría que recuperar para adjetivar a tanto corrupto. Y digo que la culpa es innecesaria porque los hombres de este tiempo somos consecuencia, pero no deudores, de lo que nuestros antepasados hicieran.

Me siento tan culpable del fin del imperio azteca como de la caída de la dinastía Ming. Pedir que los españoles de hoy nos disculpemos ante los indígenas de Iberoamérica me parece tan frívolo como que el ayuntamiento de Lérida exija al gobierno italiano que lo indemnice porque Escipión derrotó y mató a Indíbil y crucificó a Mandonio. ¿Te imaginas que, con la que está cayendo en Siria, algún lunático demandara excusas del gobierno de Damasco, corte de los primeros califas, por Guadalete y los siglos de la España musulmana? Ni siquiera me interesa que el Papa de Roma pida perdón por los desmanes de los cruzados o las torturas de la Inquisición. Persecución de los pederastas con alzacuello y entrega a las autoridades civiles, amén del pago de los impuestos que a la Iglesia le corresponden y promesa eterna de no meter sus santos hocicos en los asuntos del mundo y prometo ir de rodillas hasta... Bueno, ya no tengo edad para ir de rodillas a ningún sitio, pero ahí se ganaría la Iglesia Católica mi respeto. No antes.

El caso es que por no molestar a tal o cual minoría en un sistema político que prima a las mayorías, me huelo que nos estamos volviendo intelectualmente pusilánimes. Está bien pensar lo que se va a decir y practicar la tolerancia (que no implica simpatía, sino respeto), pero la prudencia no exige que gastemos más papelillo de fumar en cogérnosla con dos deditos que en canutos. La consecuencia de esa debilidad de espíritu se traduce en un para qué nos vamos a meter en líos si por levantar una estatua de Blas de Lezo en Madrid se cogen un cabreo de tres pares en Barcelona. ¡Ay, benditos líos! ¿Qué sería la vida sin ellos?

Dragones de cuera de las llanuras del sur de Norteamérica / J.M. Bueno

Dicho esto, voy a comenzar una serie de artículos sobre los verdaderos pioneros occidentales del Oeste americano, que no fueron Lewis y Clark, David Crockett o Daniel Boone, sino Cabeza de Vaca, Oñate, Ulloa o Anza, entre muchos. No llevaban winchesters ni colts, ni viajaron en carromatos conestoga; portaban morrión, espada, arcabuz y viejos escudos copiados de los jinetes nazaríes. Montaban caballos que, huidos de escaramuzas y saqueos, poblaron en libertad las llanuras para que pieles rojas y cowboys se apropiaran no solo de las manadas, sino del símbolo del centauro americano, que no inventaron.

Granaderos del regimiento de la Luisiana
e infantes pardos de La Habana en la batalla de Pensacola
Uno de los tópicos sobre el Imperio Hispánico afirma que el XVIII fue el siglo de la decadencia. Es cierto que las posesiones europeas de los Austrias españoles se repartieron entre las potencias continentales tras la Guerra de Sucesión. Aun así, los Borbones tuvieron Italia como campo de batalla y mesa diplomática durante mucho tiempo. También es verdad que la mayor extensión imperial se dio tras la anexión de Portugal por Felipe II, pero durante la vida de Yago Valtrueno, el protagonista de El viento de mis velas, España tuvo presencia en América desde Alaska hasta las Malvinas. ¿Te sorprende? Pues tengo más...

Durante ese período -primer siglo de los Borbones españoles-, lucharon en las llanuras, en los desiertos y en los bosques de Norteamérica granaderos de uniformes blancos y birretinas de piel de oso; artilleros de casacas azules y sombreros de tres picos; voluntarios irlandeses verdirrojos; fusileros pardos y morenos, hijos y nietos de africanos; y, por si quieres más color, destacamentos de dragones de cuera con lanza y adarga y exploradores de infantería ligera catalana, que se las tuvieron con bandas apaches y avanzadillas rusas . ¿Los imaginas? ¿Los ves? Yo sí... ¡Qué cantidad de historias!

...Continuará



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2 comentarios:

  1. Fue un franciscano español el primero en cartografiar América del Norte, de cabo a rabo (como se dice aquí), pero de eso no queda memoria. Tampoco se acuerdan los primos del USA de que durante SU genocidio, Jerónimo pidió asilo a los jesuitas españoles...Queda muy poca memoria de lo que fue la amarga España, y tienes razón, no se la han cargado los ingleses, no. La han matado los mismos españoles, que siempre hemos sido unos hijos de puta, desde el día que vendimos al caudillo lusitano.
    En fin...me gustaría pensar que Scorcese no nos pintará como asesinos de niños y violadores en masa...me gustaría pensar eso, de verdad...pero miedo me da. Recuerdo como pinta el alemán a Lope de Aguirre en La Ira de Dios y me tiemblan las piernas...y si tienes dudas, revisiona el re-make de El Álamo; resulta que Santa Anna era un déspota y los americanos que habían ocupado México todos unos santos y unos héroes.
    ¡Gran artículo, compañero! Un abrazo, así da gusto.

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  2. ¿Qué puedo decir más que gracias a ti? Con la realidad tan grotesca e intelectualmente endeble que sufrimos, encarar con lealtad la Historia me parece higiénico. Un abrazo.

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