jueves, 27 de noviembre de 2014

PIPICÁN PARA FÜHRERS CANIJOS



Autor: Pawel Kuczynski

Si te digo que esta entrada es fuera de serie, me vas a entender mal. Y si te digo que es extraordinaria, no lo mejoro. Pero es verdad. Te prometí una serie de artículos sobre el "Salvaje Oeste español" y te salgo con esto y me salgo del orden de las próximas semanas. La culpa no es mía, sino del guionista y escritor (o viceversa) Jorge Díaz, que publicó en su página de facebook una reflexión que me puso a pensar: "Internet ha servido para que los estúpidos no se sientan solos", dijo él. Te doy un momento para que lo digieras y después sigo...


Autor: Pawel Kuczynski

... ¿Ya? Ten en cuenta que Díaz es un profesional de los que hacen historia en la televisión, un tipo con kilómetros, horas de emisión y colmillo retorcido, un provocador más que competente. No juzgues a la ligera su comentario y piénsalo antes de indignarte. Aparte de eso, Jorge fue el primer escritor que me animó a continuar en mi aventura literaria hace ya más de cuatro años. También me avisó de que era un camino largo, árido, espinoso y, quizá, a ninguna parte. Se lo agradecí, pero aquí sigo. Sí, yo también soy uno de esos aspirantes a un anaquel a la altura de los ojos en la Fnac, lo que pasa es que no me gusta el victimismo y me concentro en el pico y pala (lo llevo en el apellido) hasta que la cordura me diga "¡Basta!". En días como hoy dudo de que ella no me haya abandonado y a mí me empuje la inercia, eso que los lechuguinos llaman "zona de confort".

En fin, a lo que iba. El comentario de Díaz me llevó a uno propio. Me ha dado por pensar que la Red es un inmenso pipicán (espacio arenoso para deposiciones caninas) donde soltamos a nuestros pequeños führers interiores para que orinen y caguen a gusto. En Internet le gritamos a todo el mundo lo que tiene que hacer con su vida con frases que, por culpa de lo escaso del espacio y la obsolescencia que acompaña al medio, suenan autoritarias. Es verdad, la mayoría parecen sentencias sumarias que no admiten recurso. De hecho, los ordenadores deberían tener una tecla que, al pulsarla, escribiera de corrido "¡Y punto!", para afirmar aún más nuestro juicio sobre las opiniones y los hábitos de los demás.


Autor: Pawel Kuczynski

Cualquiera -y digo "cualquiera" con todo lo que significa- se atreve a decirte en Internet qué comer, qué beber, qué ver, qué leer, cómo follar, cómo correr, cómo hacer abdominales, a quién votar, cuánto te tienen que gustar los perros, los gatos y los ornitorrincos y qué graciosos son los niños impertinentes y maleducados. Y lo hacen como los dueños de los perritos en un pipicán: mirándolos desde la barrera, estudiando sus heces y sonriendo con malicia al ver que un macho quiere montar a otro (en los perros -esto es científico-, se trata de un síntoma de estrés, no de dominio).

Permite que te hable del otro libro que tengo publicado -justamente- en la Red. Se titula "Sálvame: la telebasura como autoayuda" (SB e&books). Es, básicamente, una sátira contra los tópicos, los lugares comunes y los nuevos censores lobunos con pellejo de cordero progresista. Tengo mi ensalada de odios, como cualquiera, pero esta, la de los disfraces, es de las más agrias. En una de las páginas de tal ensayo sobre Jorge Javier Vázquez puedes leer este párrafo:

Mira, lee, oye, ama, bebe, come, fuma lo que te dé la gana, lector, y elige el canal que te parezca. Es cosa tuya. Pero luego no me vengas con que es culpa mía por haberte animado a ser responsable y, por tanto, libre de equivocarte. Las tabacaleras no te provocan el cáncer, eres tú cada vez que enciendes un cigarrillo.

Eso es lo que echo en falta en facebook, twitter y demás: responsabilidad. Tiras la piedra, escondes la mano y si alguien se molesta y te bloquea, es culpa suya por susceptible. Como en el caso de nuestros políticos: la responsabilidad es de los demás. Algo muy propio de adolescentes, tanto en La Moncloa como en la Red. Hace tres años nos avisaron de que Rajoy estaba empeñado en infantilizar a la ciudadanía y ahora nos damos cuenta de que nos gobiernan mozalbetes que no aceptan culpas. Lo de Mato es un paso atrás para coger impulso, no te engañes.

No creas que me molesta el ruido que hacen todos nuestros pequeños Duces interiores, con sus gruñidos y ladridos. En primer año de Periodismo tuve un profesor que nos obligaba a escribir noticias ficticias mientras aporreaba las mesas con un bastón, gritando y cantando sin parar para que entendiéramos que el periodista convive con el ruido pero puede, como Sting en pleno anticipo del orgasmo tántrico, abstraerse. Yo pude y se lo agradecí. Recuerdo con mucho cariño los tiempos en los que mandaba callar a un bar entero o les pedía, por favor, que hicieran ruido -según el ambiente que requiriera la crónica- mientras salía en directo por RNE, por la COPE o por Antena 3 desde un teléfono de monedas en la esquina de la barra. ¡Cuántas rondas me gané después por llevarles el espectáculo al barrio! Hablo para los que nacieron antes del 80; a los demás, los de la generación del móvil, les haré otro día un croquis.

Si me conoces personalmente de no hace mucho e intuyes que esa altanería postiza mía oculta una timidez casi enfermiza, concluirás que cuadra muy poco con tales hazañas radiofónicas (también presenté programas durante años). Siempre recuerdo lo que me dijo una vez una catedrática en una revisión de notas en su despacho: "De grandes tímidos, grandes osados". No te equivocas: será una de esas cosas de las que me arrepienta cuando sea viejo del todo. Ahora estoy completamente seguro de que no se refería a cuestiones profesionales. Y sí, estaba buena, muy buena; y sí, me habría gustado demostrarle allí mismo que tenía razón... ¡Qué se le va a hacer! Volviendo a lo que nos trae, te diré que lo que en realidad me molesta de Internet es esto otro que también cuento en "Sálvame...":

De niños nos juzgan todos los adultos: padres, familiares, maestros, profesores y un señor de Castellón que pasaba por ahí. Luego se unen al tribunal nuestros amigos y compañeros. Apenas nos hemos endurecido cuando llega el otro género y, finalmente (o eso creemos), los jefes. Cuando pensamos aliviados que el círculo se ha cerrado, se dibuja de nuevo con la parentela política y con los hijos. Agobiados por tanto juicio, queremos descansar un momento y entonces –¡Zas, en toda la boca!– aparecen los críticos de televisión. Éramos pocos y parió la mula.

Estoy seguro de que mi timidez -como la tuya- tiene mucho que ver con los juicios interminables que teníamos que soportar, muchos de ellos, sin duda, necesarios, especialmente los que te marcaban límites que muchos críos de hoy no conocen. Pero cuando tales exámenes diarios venían cargados con las taras de tus adultos la consecuencia era el apocamiento. Cuántos años de lucha para superarlo, cuánto crecimiento a pulso para que una herramienta tan poderosa como la Red se convierta en el eco del "¡Haz lo que te digo!" paterno. Eso es lo que odio de Internet y eso es lo que, desde hoy, me he propuesto no repetir en mi relación contigo. Si alguna vez te juzgo, házmelo saber. Quizá mi opinión no cambie, pero te respetaré por respetarte.

Autor: Pawel Kuczynski

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