jueves, 18 de diciembre de 2014

¡RAJOY, ESCUCHA:

SÁLVAME ESTÁ EN LA LUCHA! 

(Y YO CON ELLOS)






¿Ya tengo tu atención? Bien, era lo que pretendía. Por el titular, te preguntarás quién me manda meterme en este berenjenal si mi blog es sobre una novela histórica ambientada en el siglo XVIII. Pues ahí va la explicación...

Ya sabrás que al final de cada entrada incluyo publicidad sobre mis libros. Aparte de El viento de mis velas, he escrito otra obra, publicada por SB e&books, la editora digital de Sandra Bruna, la prestigiosa agente literaria que descubrió a Ildefonso Falcones y La catedral del mar. Se trata de un ensayo satírico titulado Sálvame: la telebasura como autoayuda. Estarás pensando -si no lo has leído- que en él cargo contra Jorge Javier Vázquez y los suyos con toda la saña que me permite la opinión dominante sobre la televisión. Siento decepcionarte: la tesis fundamental de mi obra es que un dios griego se ha reencarnado en el presentador catalán y que, salvo yo, nadie ha sido capaz de caer rendido ante tan dichosa epifanía. Por eso nos estamos perdiendo las valiosas lecciones que tiene para ofrecernos.


El divino Jorge Javier en su Olimpo televisivo


Así que no, no simpatizo con los que despellejan a la tele en su brunch dominical con café de comercio justo y suplemento de prensa fina -pero vendida a la Banca- sobre la mesa. Como Pérez Reverte, soy más de caña y garbanzos con langostinos, con la diferencia de que yo sí me crié en un barrio y los malos de mi barrio acabaron de policías municipales. Eso es peligro y no las mariconaditas del Territorio comanche. Digo mariconaditas con el permiso de mis compañeros y amigos gays, que suelen saludarse con un ¿Cómo estás, maricón? Si no tienes compañeros y amigos maricones no puedes saberlo, normal que te escandalices. Trabajé como productor ejecutivo -y viví, vaya si viví- cuatro años en Venezuela y a mis compañeros y amigos negros les soltaba ¿Cómo me le va, mi negro?, tal y como ellos mismos decían, y nadie me denunció por esclavista ni nos faltaron nunca las ganas de tomarnos una cervecita juntos.

Por eso me repugna la enorme cantidad de papel de fumar que nos gastamos por aquí en no mancharnos los dedos cuando vamos a mear. Tenemos un gobierno dizque liberal que se harta de intervenir con leyes y normas y una ciudadanía que se cree progresista y parece una horda de furibundos puritanos ingleses, bajados del Mayflower y a punto de quemar brujas en Salem. En estos tiempos, si no tienes gatitos adoptados en casa es que defiendes a los taurinos de Tordesillas; si no te metes en estúpidas guerras de sexo en la red, es que eres un machista peligroso; si te molesta la mala educación de los ciclistas que invaden las aceras, estás a favor de que hundan las lanchas de Greenpeace... Y todo así. Pamplinas sobre pamplinas y sobre pamplinas mil, como en el villancico.




¿Y por qué meto en esto a Rajoy? Pues porque la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acaba de tocar a rebato contra Sálvame, lo ha acusado de "intolerante, racista, sexista y violento" y ha conminado a Telecinco a tomar medidas. Y la CNMC, calificada por Soraya Sáenz de Santamaría de "independiente" (no me carcajeo por no fisurarme una costilla), depende del Ministerio de Economía. Y el ministerio depende del presidente del gobierno, ¿verdad? Así que, para mí, es Rajoy quien carga contra Sálvame como antes cargó Aznar contra Crónicas marcianas. Así empieza mi ensayo satírico:
"La idea de este libro me la dio José María Aznar. Sí, ese José María Aznar. Lo siento, Chemari, pero yo la registré antes; además, lo tuyo es la ficción histórica.
Cuando en 2003, Bush Jr., Blair y Aznar –Los Tres de las Azores, que no eran un trío de fados– nos metieron en la invasión ilegal –la ONU dijo no– de un país soberano –Irak– justificada con una mentira –los fantásticos arsenales de destrucción masiva–, nuestro ex presidente, que tonto no es, aunque padezca de soberbia oceánica, se dio cuenta de que necesitaba una pantalla, enorme como la de un cine antiguo, de humo bien negro. Y en eso llegó Sardá –sí, ese Sardá– y puso de vuelta y media a Aznar en Crónicas marcianas por meternos en una guerra que aún no era nuestra ni falta que nos hacía, como demostraron los cadáveres de doscientos de nuestros conciudadanos, caídos no en un campo de batalla, sino en un día laborable."
Recordarás que Sardá le daba cera todas las madrugadas al marido de Ana Botella por su ansia de hazañas bélicas, así que Aznar se fue derechito a chivarse a Luis del Olmo, rajó sobre la "telebasura" y creó un debate "despistatorio" para autoayudarse con lo de Irak. Ese trampantojo lo renueva ahora Rajoy. Yo me huelo que el ataque de la CNMC es una patada a Cuatro en el culo de Telecinco. Es verdad que Pedro Sánchez tuvo sus coqueteos telefónicos con Jorge Javier -quien se declara votante de los socialistas catalanes- y que Vázquez ha defendido a Podemos. Pero, en año electoral, a quien no soporta Rajoy es a la mosca cojonera de Mediaset, que no es otra que Jesús Cintora en las mañanas cuatreras. Me huelo que por ahí van las andanadas... Aunque la mona se vista de seda moral, mona electoral se queda.




Y ya que hablo de catalanes, no voy a perder la ocasión de recordar que el Consejo Audiovisual de Cataluña arremetió en 2013 contra el exitoso programa de Telecinco; también asociaciones de telespectadores y padres catalanes lo han hecho. Yo, ahí, les recomendaría prudencia. ¿Qué clase de educación les están dando a sus hijos cuando la televisión de Cataluña se enorgullece de no emitir telebasura, pero, en cambio, la exportan como si fueran camisetas de Messi? ¿De dónde son Jorge Javier Vázquez, Jordi González, Javier Sardá, Javier Cárdenas, Mercedes Milá y Karmele Marchante? De Barcelona, Badalona, Esplugues de Llobregat y Tarragona. Qué tacaños somos con el silencio.

Por cierto, la queja contra Sálvame es por el daño que puede provocar a los niños en un horario protegido. Y yo me pregunto qué hacen los niños -cargados de horas escolares, actividades extracurriculares, aparatejos electrónicos, hiperactividad y necesidad de aliviarla, urgidos de establecer relaciones sociales con otros críos y necesitados de merienda, aire libre y siesta- viendo la tele por la tarde. ¿No será, más bien, que los padres que se quejan de Sálvame pretenden que la televisión sea un canguro gratuito? Jode, ¿verdad? Pues si jode, por algo será...

Sálvame: la telebasura como autoayuda se asienta sobre tres patas, expresadas en los títulos de tres de sus capítulos: "Huye de las opiniones rutinarias como de las americanas con hombreras"; "La televisión es un síntoma, la realidad es de morirse"; y "Si te machacas un dedo con un martillo, la culpa es tuya, no del martillo. Espabila". Autoayuda extrema, lo llamo.

Creo que se reducen -las patas y el libro- a tener criterio propio para ver, con los ojos muy abiertos, que vivimos en una sociedad que ha perdido el alma y la razón por el camino; y que parte de esa pérdida se debe a que nos vamos convirtiendo en adolescentes incapaces de responsabilizarse por las decisiones tomadas, ya sea sentarse ante un programa de televisión, forrarse de negro los pulmones con un cigarrillo o encalarse las narinas con farlopa. Son los niños los que dicen ¡Culpa tuya!: hace dos días, Cospedal nos bañó a todos con la corrupción de los de su clase, atreviéndose a insultarnos al afirmar que somos tan culpables como ellos. Habrá quien le dé la razón; allá él, huyo de un fariseo en cuanto lo huelo. La madurez -de la que los políticos se han exiliado- hunde sus raíces en la capacidad de elegir, sí, pero también de hacerse cada uno autor de sus elecciones

Yo no me calo una gorra y me oculto tras unas gafas de sol al salir a la calle por haber sido coordinador de contenidos de la primera edición de La Isla de los Famosos; asumo aquel trabajo con la misma soltura con la que me doctoré en Periodismo con una tesis sobre la falta de ética profesional (bien que lo sabía, ya llevaba diez años trabajando cuando la defendí). Soy responsable de ambos extremos y un Darth Vader de mi profesión: he estado en los dos lados de la Fuerza, así que monsergas, las justas. La telebasura no empezó con Tómbola o Aquí no hay tomate, sino aquel día de 1992 en que Nieves Herrero y Paco Lobatón montaron El gran carnaval en Alcácer a costa del dolor de tres familias y de una carnicería sobre la que aún pesan sombras.

Por todo eso, y por otras razones que podrás descubrir si tienes el valor de leer mi sátira, yo estoy con Sálvame y contra la hipocresía y la falta de responsabilidad.

¡Uf, que a gusto me he quedao!




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