sábado, 14 de marzo de 2015

CITA EXPRÉS

Honoré de Balzac


Honoré de Balzac (1799-1850)

"Ese café cae al estómago 
y entonces todo se agita y 
las ideas se precipitan como batallones sobre el campo de batalla..."


Así hablaba Honoré de Balzac del café molido a la turca -es decir, pulverizado-, "pisado, frío y anhídrido, palabra química que significa con poca agua o sin agua", que el escritor tomaba en ayunas. La cita sigue así:
"La caballería ligera de las comparaciones se lanza en soberbio galope. La artillería de la lógica se aproxima con todo su aparejo de cañones, los relámpagos del espíritu saltan, llegan los francotiradores, los personajes toman relieve, el papel se cubre de tinta..."
¡Y todo eso por un café! Para ser exactos, y aunque nunca llegó a la adicción de Voltaire, el autor de La comedia humana se metía entre pecho y espalda hasta medio centenar de tazas diarias. Cuentan que, por si las moscas, siempre llevaba encima un puñado de café extraordinariamente molido.

No debe extrañarnos, por tanto, que sus jornadas de escritura fuesen de quince horas y que terminase, a lo largo de su vida, ciento cincuenta obras. Pero el bueno de Honorato, que de escribir sabía un rato, siempre anduvo apurado de cuentas; al fin y al cabo, era de letras. De ahí que escribiese a destajo; lástima que al cobrar, con el dinero quemándole el bolsillo, se gastase las ganancias en pantagruélicos banquetes. En una ocasión invitó a comer a su editor, musiú Werdet, a su restaurante favorito, el Véry. El invitado, que padecía del hídago, era frugal, pero el escritor se regaló, muy a gusto, un centenar de ostras, doce costillitas de cerdo, un pato con nabos, un par de perdices asadas, un lenguado de Normandía, fruta y bebidas. Como no se inventó hasta 1879, ha quedado constancia de que Balzac tuvo que tomar el café con azúcar y no con sacarina. La dolorosa importó casi setenta francos de la época; la pagó Werdet.

Al autor de Papá Goriot, hombre excesivo, le atraía la embriagadora y ambigua sensualidad de Oriente. Por eso gustaba del café turco, intenso y muy azucarado, con su borra espesa, siempre en un tris de arruinar el placer. El primer café que prueba Yago Valtrueno, protagonista de El viento de mis velas, es así. Ignorante de su preparación, se lo toma de un trago, fiándose de su padre, que es quien se lo ofrece:
"Ahí tiene, hijo mío, la primera lección de esta infusión sabia. Por debajo de la superficie pulida de lo que las personas simulan hay un poso que, cuando se remueve, amarga de decepción. Lo que sus compinches le cuentan es el espejo lustroso de esa taza de café, pero si va usted al fondo y no se queda en las apariencias, se dará de hocicos con la borra".
Sabio café, que hace sabios a algunos de sus adoradores. El caso es que Balzac, cafeinómano, glotón, derrochador, infatigable, colosal, se lanzó a otro exceso que estaba de moda entre los más cosmopolitas de sus compatriotas. 

Pocos años antes de su muerte, se une al Club de los Comedores de Hachís, también llamado de los HachichinosTeophile Gautier, inspirado por el doctor Joseph Moureau, grifota experto, se reúne en el Hotel de Lauzun -o Pimodan- con lo mejorcito de cada casa, como quien dice: Baudelaire, Hugo, Delacroix, Dumas (claro que sí, ahora entiendes las partes más flipantes de El conde de Montecristo).


Hotel de Lauzun (París)


No creas que se lo fumaban, no: se lo comían. Moureau -que no es el de la isla de H.G. Wells, pero podría- les preparaba unos pastelillos conocidos como dawamesk: hachís cocido con mantequilla y mezclado con azúcar, miel, frutos secos y agua de rosas. Los efectos son descritos por el propio Gautier:
"Parecía que mi cuerpo se había disuelto y vuelto transparente (...) Dentro de mi vi al hachís bajo la forma de una esmeralda transparente que irradiaba millones de chispas"
A quienes solamente lo hayan fumado, la descripción de Teófilo les puede parecer tan hiperbólica como algunas de sus obras. Pero hechas las consultas pertinentes, podemos concluir que la embriaguez de la repostería de cannabis, aunque llega más tarde, es mucho más intensa, por lo que no sería raro que los efectos de la droga en Gautier y Balzac se acercaran a los lisérgicos de Charlie Sheen en Apocalipse now. Good trip, my friends!





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2 comentarios:

  1. Vaya con Balzac; me imagino que en una de aquellas reuniones de repostería lisérgica nacería "La comedia humana". Muy divertido, si señor.
    Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Gerardo. Nunca sabe uno dónde acecha la musa, la verdad.

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