sábado, 7 de marzo de 2015

CITA EXPRÉS:

Johann Sebastian Bach


J.S. Bach (1685-1750)

"¡Ah! Café divino,
Ningún beso más suave,
Ningún moscatel más embriagador"


Sólo llevo dos entradas de Cita Exprés -ya sabes, las entradas más cortas con frases célebres sobre el café que me saqué de la manga el sábado pasado- y ya he incumplido el primer mandamiento de los blogueros de pro. Confieso: te he engañado. Y no contento con eso, te he subestimado. ¡Mea culpa!, y sí, meo toda la culpa que haga falta por mi pecado.

A ver. El señor que figura en el frontón de este artículo no es el autor de los versos que van debajo. ¡Qué va! El de verdad es este de abajo a la derecha, que responde al nombre de Christian Friedrich Henrici y al mote de Picander. 
Lo llamaron también, con no poca mala baba, Hungerdichter, que en alemán significa Poeta del hambre. Y es que el hombre era, de suyo, abogado, pero se dedicó a componer estrofas para aniversarios, bodas y nacimientos. Lo que vendría siendo un poeta BBC (bodas, bautizos y comuniones, no la delantera merengona).

Picander (1700-1764)
Digo que te he subestimado porque, a lo mejor, el único que no sabía aquí de la existencia de Picander, libretista de Johann Sebastian Bach, era yo. Por eso he aprovechado la fama de este como enganche. En fin, discúlpame.

El caso es que ya se conocían en Leipzig, donde frecuentaban el Café Zimmermann, en el que Bach presentaba y dirigía al Collegium Musicum, un combo de estudiantes de música que, en invierno, tocaba en el salón del establecimiento y en verano en sus jardines.

Café Zimmermann (Leipzig)
Para entonces, la amarga poción ya era bien conocida entre los habitantes del Sacro Imperio Romano Germánico (aún no era, propiamente, Alemania). Y es que la primera cafetería germana se abrió en 1673 en Bremen.

Has de saber que Gottfried Zimmermann, el propietario del bar donde Bach dirigía a sus alumnos, no cobraba entrada por los conciertos: los eventos se financiaban gracias a la fiebre por el café. Ahí estuvo listo el músico inmortal, pues se puso de acuerdo con Picander para componer una sátira sobre la cafetomanía de sus compatriotas. El golpe iba con saña, pues no solo pretendía Juan Sebastián criticar a los viciosos de la cafeína, sino también a los burgueses de Leipzig, que no lo tragaban porque eran muy celosos de su independencia municipal y el puesto de maestro cantor de Bach fue por designación real. Cuestión de competencias.

Así nació La Cantata del Café (1734), una muestra de su obra profana. Se trata de un divertimento para tres cantantes: un narrador, el burgués Schlendrian y su hija Lieschen, una niña de papá devorada a tal punto por el vicio del café que llega a afirmar esto:

Si no puedo, tres veces al día
saborear mi tacita de café,
moriré, para mi desgracia,
tan seca como un asado de cabrito


Al final, burgués y malcriada llegan a un acuerdo: un marido en lugar de café. Pero ella se guarda un as: el cónyuge, si pretende recibir lo suyo, tendrá que consentir su vicio. Me imagino que querrás disfrutar de esta obra cómica, así que aquí te dejo el enlace: http://youtu.be/902ogxuaFdc

Venía yo pensando, para remate, que quizá el bueno de J.S. fuera una pizca injusto al criticar el vicio del café. Porque, respóndeme si lo sabes: ¿cómo se pudo mantener despierto para crear más de 1128 obras y tener veinte hijos de dos mujeres? ¿El café no tuvo nada que ver? Anda, dime que no...


By Karebearr





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11 comentarios:

  1. Probablemente todo se debió al café, jajajaja ;-)

    Acepto tu tacita, que yo también le doy al brebaje ;-)

    Un abrazo y buen finde.

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    1. Algo tendría que ver, porque aún no había Red Bull. Igualmente, Ana.

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  2. Como adicto al café solo, solo sin nada más, te aplaudo repetida y convulsivamente este post.

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    1. Sí, señor, somos del mismo club de gourmets: nada que enturbie el sabor. Muchas gracias, maestro.

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  3. Como adicto al café solo, solo sin nada más, te aplaudo repetida y convulsivamente este post.

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  4. Seguro que ha sido cosa del café. Todos sabemos que el café es bebida de dioses. Solo un Dios puede mantener veinte hijos (pienso yo)
    Buenísimo. Me encanta leerte. Besos

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    1. ¡Jajaja! Fíjate que he leído estos días que tres tacitas de café al día son buenísimas para la próstata. Bach ya lo sabía. Y muchas gracias por tu comentario, Mercedes.

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  5. Ay, ese Juan Sebastián to’o guapo, ahí con su cafecico. Qué graciosa anécdota. La verdad es que cuando pienso en café me viene más a la mente Italia que Alemania, cuestión de estereotipos, yo creo. En fin, que esta lectura me ha dejado una gran sonrisa. Un abrazo, José Juan.

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    1. Pues ya ves, donde menos se espera, salra una liebre. Muchas gracias, amigo. Un saludo.

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  6. José Juan, pásate por mi blog cuando puedas para recibir la nominación al premio "Me quedo contigo". El café lo pones tú. ¡O Bach! ;) Un abrazo.

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    1. Bueno, muchísimas gracias, Carmen. Y que sepas que me paso regularmente y que me da mucha rabia no encontrar la solución del último acertijo pictórico. Otro abrazo para ti.

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