sábado, 11 de abril de 2015

¿HAS PROBADO YA LA CARNE DE EVA?




Le podría preguntar a Adán, pero te pregunto a ti: ¿Has probado ya La carne de Eva?...

Me explico. Para empezar, no hago reseñas literarias en este blog; no porque me produzca alergia el trabajo de otros escritores, que no, que no es eso. Es que no soy quién para recomendarte lo que debes leer ni creo tener la pericia como para establecer las fortalezas y debilidades de una obra literaria.

Con el vino, en este país de a mil sumillers paelleros por metro cuadrado, me pasa igual. O peor. Yo bebo, no opino con la boca llena; ni vacía. Para mí, un mosto lleno de matices, brillante y alegre, es festivalero; si va pasado de alegría, o sea, que un par de copitas bastan porque la botella te dejaría la boca como una feria de recogida, entonces es verbenero. Si quiero un vino con cuerpo, pregunto por alguno masticable. Ahora me gusta un champán cítrico que siempre pido como el alimonao; resulta que un nariz de oro que lo probó dijo que, en efecto, tenía toques de limón confitado. ¡Óle! Pero hasta ahí llego...

Si este es mi pobre repertorio enológico, imagínate con los libros. Y ya no te hablo de hacer reseñas cinematográficas: soy fan de las dos primeras entregas de Blade, el vampiro matavampiros, y he visto La liga de los hombres extraordinarios dos veces. ¿Qué te puedo contar sobre libros, vino y cine que tú no sepas más y mejor que yo?

¿Y entonces? Pues nada, que me ha podido la tentación, como a la segunda mujer de la Historia (la primera fue Lilith y ya venía tentada). La carne de Eva es la opera prima de Casaseca (apellido y nombre artístico). "¿Y de qué conoces al tal Casaseca como para saltarte a la torera tus propias normas?", te preguntarás. Para empezar, se presenta él mismo:

"Casaseca es un señor muy casado que lleva años empeñado en criar un par de niñas, y que tuvo la puntería de nacer en Badajoz allá por el 69. Este tipo sin nombre y con un solo apellido, al que parece habérsele posado en la cara un niño arrugado, está tratando ahora de rascarse una viruela de esas que va trayendo la edad, pero que se incuban toda una vida, dedicando los tiempos que antes invertía al esparcimiento, a parir literatura"

Simpático, ¿verdad? Pues ahí va mi primera opinión: no te fíes. Aparte, conozco al autor de esto otro:

"Un gran libro escrito de manera brillante. La historia, siendo buena, no es lo mejor que tiene. La cuidada prosa, los acertados epítetos, la estudiada estructura de la obra, los conocimientos que sobre la época y la ciudad de La Coruña tiene el autor, etc... convierten a la novela en poco menos que en obra de arte. ¿Estoy exagerando? Yo creo que no. Desde aquí mando un aplauso a este magnífico escritor del que espero volver a oír muy pronto. Decir que la recomiendo es quedarme muy corto".

Eso fue lo que Casaseca opinó de mi novela, El viento de mis velas (peripecias de un empedernido bebedor de café), el 2 de julio de 2014 en Amazon. Hasta ese día, yo no lo conocía de nada. Y seguimos sin habernos echado el aliento encima, pero hablamos bastante en modo cibernético. Entenderás que aunque solo fuera por aquel arreón de ánimo que me regaló, Casaseca se merecía que yo le hiciera una reseña aquí. Y como se merecía que yo le hiciera aquí una reseña, pues se la hago.

Para empezar, me he leído el libro desde la portada hasta el final. Nadie me lo ha contado. Y te aviso que lo que empezó como una obra costumbrista terminó como una tremenda novela de terror: del peor. Por eso te decía que no te fiaras. Así, recién llegado a la literatura, Casaseca se atreve con el más universal y tremendo de los temas: las sombras de una familia y los fantasmas que viven en ellas:

"Si Margarita hubiese recibido el nombre de la santa del día en que nació, al igual que sus hermanos, se habría llamado Carmen. Carmen es un nombre muy bonito. La clase de nombre que llevaría una gran dama, alguien de clase y con posibles. Quizás por eso don Alonso se negó a ponérselo, porque pensó que no sería apropiado para la hija de un minero negro"

Casaseca se atreve con un laberinto familiar -minotauro incluido- y sale ileso; él, no sus personajes. Primero te enreda con unos niños que, lejos de jugar con maquinitas (no las había, era otra época), se van a coger renacuajos para cebo. A partir de ahí, la araña en la que el autor se encarna te va enredando hasta llevarte a un clímax inesperado que te roba el aliento y te deja como dejan muchas veces las familias: lleno de rabia. ¡Ojo!, he dicho clímax, no final. Spoilers, los justos.

En una opinión que escribí en Google Play, donde también puedes encontrar el ebook, contaba lo mismo, pero con otras palabras: "¿Sabes esos rincones de tu familia a los que no irías ni con un tercio legionario? Pues Casaseca va y se hace un selfie junto al horror. Hay novela y hay novelista".

Eso sí, en caso de que te veas en la obligación de acudir a comidas dominicales en casa de suegras, cuñados e, incluso, padres, no leas La carne de Eva. O, si la lees, avisa de que quiten los cuchillos de la mesa. Yo, incluso, apartaría las cucharas: lo mismo te comes la sopa que le sacas un ojo a alguien... ¿Sigues queriendo probar La carne de Eva? Creo que sí...









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