sábado, 6 de junio de 2015

CITA EXPRÉS

Dios



"Y al séptimo día tomé café"


Cuando, tras seis días creándolo Todo, Él quiso tomarse un descanso y un café, Luzbel sonrió. Mientras el Ángel Caído se regocijaba, Dios envió a Uriel, administrador de sus propiedades, a por unos granos de café al Jardín de las Delicias.

-¡Aquí tienes tus granos, Tú! -le anunció el arcángel cuando regresó al Cielo, o sea, en un pispás.
-Mira una cosita -replicó Dios-. ¿De cuándo acá hemos creado Yo y tú mundos juntos como para que me tutees con tanto desahogo?
-¡Uy, Dios mío!, o sea, Vos. Perdonadme, habrá sido un lapsus...
-¡Pues anda y ve a tostarlos, zascandil! -le ordenó Su Señor.

Y allá que se fue Uriel al arsenal del Cielo, donde mandaba -Dios mediante- el arcángel Miguel, mariscal de las legiones celestiales.

-Que dice Él que si puedes darle una pasadita de espada flamígera a esto.
-Eso está hecho -le respondió el Jefe de Estado Mayor angelical.
-¡No me jodas! -se le escapó a Uriel al ver que las habían torrefactado- Esto no hay quien se lo tome; verás qué bronca...

Pues sí. Fueron tales los gritos, que a Adán y Eva les zumbaron sus flamantes oídos una semana entera.

-Rafael, ven acá p'acá -ordenó, contrariado, Dios-. Ve a por café al Edén, y me lo tuestas bien tostao. Y deprisita, que es gerundio.
-Mi Señor, no es gerundio, es adverbio...

Hasta Luzbel se tapó las orejas de macho cabrío al oír la respuesta de Dios. Y allá se fue Rafael, arcángel de la salud, cavilando cómo asar los dichosos granos sin tener que aguantar otra sagrada bulla.

-¡Eureka! -gritó de repente en perfecto griego bíblico. Y lanzó los granos al cráter de un volcán. Cuando probó aquel café con lava, Dios le llamó de todo menos angelito mío

-¡A ver si he mandao al Infierno a los espabilaos y me he quedao con los maulas! -vociferó Él- Eso me pasa por parir criaturas libres de toda malicia.

Según oyó ese lamento el arcángel Gabriel, mensajero divino, primero se picó y luego carraspeó.

-¿Y a ti que te pasa? -inquirió ceñudo Su dios.
-Mi Señor, creo que sé dónde tostar granos de café a Vuestro Entero Gusto...
-¡Ah!, ¿sí? ¿Y dónde será que no lo sepa Yo que lo sé todo? -se interesó Él.

Gabriel volvió a carraspear y miró hacia abajo, hacia muy abajo, más allá de las nubes, de las montañas, de los océanos, de la corteza, del manto y del mismísimo núcleo. El resto de cortesanos celestiales empezaron a chillar como angelillos de papel pintado, y se cogieron de las manitas o se taparon las boquitas con ellas, escandalizados y horrorizados. Dios frunció aún más el ceño y posó, reflexivo, el índice sobre los labios.

-¡Sea!, pero vas tú -le ordenó a Gabriel-. Por bocas.

Y allá que se fue el correveidile de los Cielos, a llamar a la puerta de los Infiernos. Mas, antes de que llegase, ya le estaba ladrando el Can Cerbero.

Gabriel dando lecciones de cortesía a Luzbel.
-¡Verás como se entere Hades de que su perro no se ha perdido! -le soltó a Luzbel, que lo esperaba en portería- ¿Te cuento a qué vengo o ya estás al tanto?
-Vas y le dices a tu jefe que sí, pero con una condición...
-¿Y cuál será? -Gabriel se puso a la defensiva.
-Que me dé combustible.
-¿Combustible para qué? -se sorprendió el arcángel.
-Para mis calderas, ¿para qué va ser, hombre?
-¡Ojito, Luzbel!, que por decirme hombre he churruscao a más de uno con mi resplandor querubínico. Pero a lo que íbamos, ¿me estás diciendo que no tienes con qué prender tus hornos y te quedas tan fresco?
-¿Fresco? ¡Como el chichi de una sirena! -te recuerdo que Luzbel era (y es) muy mal hablado- Compruébalo tú mismo...

Y Lucifer invitó a Gabriel a recorrer las galerías infernales. El arcángel tuvo que arroparse con sus alas, tal era el frío que reinaba en los palacios de Pedro Botero. Y es que no era broma: ¡El Infierno se había congelado!

-¿Y desde cuándo estáis así?
-Desde el primer día.
-¿Es que no tienes carbón?
-¡Carbón, carbón! -se burló el Diablo- Eso es pa'los Reyes Magos. Lo que enciende los fuegos infernales es otra cosa...
-¿Y cuál será?
-Pecados -sentenció el Diablo.

Espantado, Gabriel retrocedió un paso y, como los actores de opereta, se llevó el antebrazo diestro a la cara.

-¡Eso es imposible! -aulló el heraldo divino.
-¡¡¡Tú a callar, alcahuete!!! -les llegó, desde el Cielo, la voz tonante de Él- Mira, Luzbel, yo, por un café, ¡maaaaaaaaato! Si me lo tuestas al punto de aquí para los restos, ¡sea!


Luzbel a punto de entrar en el Edén.
Y no se habló más. Luzbel se puso los leggins y el top de piel de víbora, sus mejores stilettos rojo sangre y la más cardada de sus pelucas y, dando grititos a lo Rocky Horror Show, se marchó, perdiendo el culo, al Paraíso: "¡Eva, cariño, mira lo que te traigo!". 

Y nunca más le faltó combustible a Luzbel. Ni a Dios el café...

Bueno, vale, de acuerdo, me lo he inventao. Y encima esta entrada me va a quedar de todo menos exprés. Te lo advierto, es larga, pero es fin de semana y lo que no te leas hoy, te lo leerás mañana. Así que sigo, porque lo que viene es en serio: Dios también tiene su cita sobre el café; más de una, incluso. Y están todas en la Biblia.

-¡Venga ya! La Biblia la escribieron los Jueces, los Profetas, los Evangelistas... -me contradirás con desdén. Y yo te replicaré que impíos como tú iban derechitos a la hoguera en otros tiempos. Así que cuidadito con lo que respondes. Otra vez: ¿Quién escribió la Biblia? Tic-tac, tic-tac... Te doy una pista: en misa lo dicen... ¡"Palabra de Dios"!... "Te alabamos, Señor" -responde la feligresía-, por haber escrito el mayor best seller de todos los tiempos, añado yo. Dios no fue la inspiración, es el autor de la Biblia. Y si tienes redaños, vete a Alabama con una camiseta con el careto de Darwin y dile que nones al primer reverendo que te encuentres. Verás.


Globbos.com

Que sí, que el Antiguo Testamento menciona el café, que eso no me lo he inventado. Así, al menos, lo creía Georgius Pascius -o Georg Pasch (1661-1707)-, un estudioso prusiano de la Biblia. En 1700, este erudito bíblico vio muy clara la referencia en el Libro I de Samuel, 25:18, pasaje en el que Abigail, futura mujer de David, se echa a sus pies para ofrecerle
"doscientos panes, dos odres de vino, cinco carneros ya compuestos, cinco medidas de grano tostado, cien atados de uva y doscientas masas de higos secos"
Ese grano tostado, que en algunas versiones de la Biblia se traduce como trigo, lo tomo Pascius por café. No satisfecho con haber hallado aquella pista, siguió indagando hasta dar con otra en Samuel II, 17:28, donde se cuenta la guerra entre David y su hijo rebelde Absalón...
"trajeron camas, calderas y vasijas de barro, trigo, cebada y harina, grano tostado, habas, lentejas y legumbres"
¡Ajá! Esta vez no había confusión posible: por un lado el trigo y, por otro, el café... ¿Qué interés tenía Pascius en encontrar café en la Biblia? Pues yo creo que un hombre del Libro como él prefería que sus compatriotas se tonificaran con café a que se emborracharan con la muy patriótica cerveza. Pero no fue el único...

Otro erudito, el político calvinista suizo Pierre Etienne Louis Dumont (1759-1829), fue aún más allá: vio café, en vez de lentejas, en el famoso plato por el que el glotón Esaú le vendió su primogenitura al trilero de Jacob.

P. E. L. Dumond, reverendo cafeinómano.
Y otro par de estudiosos bíblicos, Straimberg y Stütz, se convencieron a sí mismos de que allá donde la Biblia dice que la Reina de Saba le trajo "aromas" a Salomón, ellos debían entender "café". De ahí a concluir que la exaltación mística del Cantar de los Cantares no respondía a otro dopping que el de la cafeína, había un paso. ¡Chúpate esa y vuelve por otra!


Y otra te traigo, y también cogida de la mano del Rey Sabio. Tal y como relata Abu Tayyib Al-Ghazzi, musulmán del XVI, Salomón, afligido porque sus súbditos caían como moscas -y eran comidos por enjambres de ellas- ante un mal desconocido, pidió ayuda al arcángel Gabriel. Este voló al Yemen y le trajo una infusión de semillas de cafeto que acabó con la epidemia. El café y el arcángel Gabriel suelen aparecer unidos en las leyendas sobre el aromático grano, como ya te conté en una entrada anterior sobre un poeta cafetero.


"Yooo te daré, te dareeé, Saaalomón, te dareeé una cosa, una cosa que yo solo sé... ¡Café!"

Te lo advertí, me ha quedado una CITA NADA EXPRÉS, pero como decía Escrivá de Balaguer, "caminante, no hay camino"... ¡Ah, no!, perdona, era esto otro: "Si la misa te ha parecido larga, es que tu amor es corto". Y tan pancho. En fin, hermanos y hermanas, podéis ir en paz (ya sabes lo que sigue) y pensad que con pan y un café divino, se hace corto el camino. Amén.


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10 comentarios:

  1. Me he reído tanto, "el carbón es para los reyes magos..." Es genial.

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    1. Me alegra mucho provocar la risa, Cecilia. Creo que tengo algo de bufón. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Juan Carlos. Y gracias también por añadirme a tus círculos. Un saludo.

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  3. Me ha encantado esa puesta en escena...

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    1. Muchas gracias, Suni. Cuando al público le encanta, el autor, discretamente, hace mutis por el foro. Bss.

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  4. Encantadora y divertida entrada. Me ha gustado el trajín del pobre ángel para tostar el café jajaja.
    Saludos

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    1. Muchas gracias, Yolanda. A veces, por la mañana, yo me siento así: de un lado para otro, hasta que me tomo un café.. Un saludo.

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  5. ajajajaja, lo que me he reído, ¡yo por un café maaaaaato!...
    Además, ha sido muy interesante conocer otros antecedentes de este néctar aromático, remontándonos a la Biblia. Un post muy ingenioso, como todos los que escribes, que siempre tengo la costumbre de leerte tomándome mi consabido cafetito con leche.
    Besos

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    1. Muchas gracias, Marisa. Para mí también se ha convertido en un hábito leer tus opiniones, siempre con un punto de vista especial. Un beso y disfruta con tus cafés.

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