sábado, 20 de junio de 2015

CITA EXPRÉS

Mozart



"¡Eh, café!"


Lo he vuelto a hacer. Y has vuelto a caer. No arrugues la naricita, que solo es un juego, y nos gusta jugar, ¿no? El caso es que funcionó con Johann Sebastian y, si estás leyendo esto, ha vuelto a resultar con Wolfgang Amadeus. Lo digo porque sus citas no son suyas, sino que las escribieron, respectivamente, Picander y Lorenzo da Ponte, sus libretistas. Entiéndeme: como reclamo, Da Ponte no es lo mismo que Mozart, ¡dónde va a parar! Y tú has venido por Mozart...

Lorenzo Da Ponte, libretista de Mozart.
Lorenzo da Ponte, nacido en Treviso en 1749 y muerto en Nueva York en 1838, judío converso, abate crapulón y poeta oficial del emperador austriaco José II, fue el letrista de tres óperas mozartianas: Las bodas de Fígaro, Don Juan y Así hacen todas (Così fan tutti). Muertos el músico y el emperador, cayó en desgracia y tuvo que salir de Viena, sin volver a paladear el éxito ni un delicioso vienés con nata y canela.

Bueno, hechas las presentaciones, nosotros a lo nuestro, que es el café. Para cuando Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, llamado así en su fe de bautismo... "¡Espera, espera! -me cortarás- ¿Y el Amadeus?". Pues ahí, en su sitio... "¿Perdón?"... ¡Ah, vale!, disculpa, no me daba cuenta de que tenemos bien enterradas las lenguas muertas del bachillerato. Theophilus, en griego, es lo mismo que Amadeus en latín: "Querido por Dios". En algún momento, Wolfgang llegó a utilizar la versión tudesca: Gottlieb. ¿Seguimos?

Voy a ir en esta entrada de hoy con mucha prudencia ("Y no como siempre", susurra mi Pepito Grillo). No pienso salirme de lo estrictamente cafetero, ¡con la música a otra parte!, por ejemplo y sin ir más lejos, al blog del maestro José Florentino Menéndez: http://www.momentosflorentinos.com/Te lo recomiendo con un vivace fortísimo (¿Se dirá asín?).

Si tecleas en Google "Mozart y el café", afloran 4.340.000 resultados en 0,44 segundos; pero la tres primeras páginas (no he mirado más) solo hablan de cafeterías, desde Orense a Dubai yendo por Tokio. De hecho, una de las primeras referencias es un reclamo publicitario del Café Mozart, en Viena, muy próximo al Palacio de la Ópera. A mediados del siglo XVIII se levantaba en aquel solar un hospital de caridad. En 1783 fue demolido para construir un edificio de apartamentos. En 1794, tres años después de la muerte del músico genial, abrieron allí una kaffeehaus. En 1873 se derribó el conjunto y en 1923 se abrió la casa de cafés que hoy encontramos en internet. Dicen que Graham Greene escribió en una de sus mesas El tercer hombre. En fin, que tuve que afinar la búsqueda para descubrir que el exótico grano aparece en dos óperas de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): Don Giovanni y Così fan tutti, ambas con libreto de Da Ponte.

Libreto original de Don Giovanni.
 La primera se estrenó en Praga el 29 de octubre de 1787; es la versión musical del mito de Don Juan, el seductor implacable que acaba mal, de ahí que el título completo de la obra sea El libertino castigado o Don Giovanni. Leporello, su criado, le cuenta a Doña Elvira, tomada y abandonada en Burgos, cuán seductor es su amo, como si ella no lo hubiera aprendido en sus propias carnes, prietas por el frío de los inviernos burgaleses:

Señora mía, he aquí la relación de las bellas que amó mi amo;
un catálogo que yo mismo escribí;
observad, leed conmigo.
En Italia, seiscientas cuarenta,
en Alemania, doscientas treinta y una,
cien en Francia,
en Turquía, noventa y una;
pero, en España, ya va por mil tres.

A mí me salen 2065, una detrás de otra. Menudo hacha; pero lo que Leporello no cuenta es que la tradición establecía que el sirviente se las tuviera entre las sábanas con alguna criada de la dama seducida, ¡ay, ladrón! Lo segundo que se me ocurre es que Don Juan tuvo que tomar mucho café para tanta noche en vela; así que Leporello machacó más grano que el almirez de Mahoma. Y una cosa más... ¡Caray con las españolas!, a mí no me hacen ni la mitad de caso (que no estaría nada mal: 501 plenos y un gatillazo).

El Ständetheater de Praga, donde se estrenó Don Giovanni en 1787, según un grabado de 1830.

Tras intentar seducir a Doña Ana y asesinar a su padre, que es el Comendador, Don Juan huye con Leporello hasta darse de bruces con su siguiente víctima: Zerlina, una bucólica doncella que está a punto de casarse con Masetto, que también es más de campo que los cardos. Con todo su aplomo de hombre mundano, Don Juan ordena a Leporello que encandile a los gárrulos con un festejo en su palacio (Escena Octava del Acto I). El muy pérfido usa el café como embeleco:

-Ordena que les sirvan
chocolate, café, vino, jamón.
Procura que se diviertan,
enséñales el jardín,
la galería, las habitaciones y, sobre todo,
haz que mi buen Masetto
quede contento.

Le faltó decir "y cornudo y apaleado". Cuando los novios y sus amigos llegan al palacio sevillano de Don Juan (sí, están en Sevilla, aunque los campesinos sean de la Toscana, o por ahí), el infame los anima con palmadas en las espaldas de ellos y pellizquitos en las mejillas de ellas (Escena Vigesimoprimera del Acto I):

DON JUAN
Reposad, encantadoras muchachas.

LEPORELLO
¡Refrescaos, apuestos mozos!

DON JUAN, LEPORELLO
¡Volveréis pronto a hacer locuras,
volveréis a divertiros y a bailar!

DON JUAN
¡Eh, café!

LEPORELLO
¡Chocolate!

DON JUAN
¡Sorbetes!

MASETTO
(En voz baja a Zerlina)
¡Ah, Zerlina, ten sensatez!

LEPORELLO
¡Pastelillos!

ZERLINA, MASETTO
(aparte)
Demasiado dulce comienza la escena; 
amargamente podría terminar.

Pues sí, con Don Juan en el Infierno, por hacer al café cómplice de sus tretas. ¡Si lo llego a pillar! En Così fan tutti, o La escuela de los amantes, estrenada en Viena en 1790, el telón se levanta con tres personajes reunidos en una bottega del caffé de Nápoles, de las muchas que florecían por Italia desde un siglo antes. Y hasta ahí la inspiración cafetera en esta segunda ópera.

Don Juan y el Comendador, según Goya.
"¿Y Mozart bebía café!", te preguntarás. He leído que sí, con leche; imagino que vienés, magnífica creación de un aventurero polaco del que te hablaré en otra entrada... ¡Menudo punto filipino el amigo Kulczycky!

Una leyenda sobre su muerte en Viena -otra más-, asegura que Wolfgang Amadeus falleció de agotamiento por mantener, gracias a incontables tazas de café, la más inhumana de las vigilias; estaba empeñado, por entonces, en rematar el Réquiem y parece que su obra, finalmente, lo remató a él.

Los vieneses bebían café, por lo menos, desde el segundo asedio turco a su ciudad, en 1683. A finales del XVII se fundó en la capital la primera asociación de Maestros Tostadores de Café, amparada por un decreto de Leopoldo I de Habsburgo (1640-1705), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico:
"Nos, Leopoldo, señor y emperador romano por la gracia de Dios, confirmamos y hacemos saber que los cuatro tostadores de café Isaac Lugas, Rudolf Perg, Andreas Beun y Stephan Devich han declarado, con toda obediencia, que el burgomaestre y el Consejo de la ciudad de Viena los han autorizado para ejercer su oficio relativo al café y les han permitido abrir locales públicos".
María Teresa de Austria (1717-1780) remató aquella faena a favor de las kafeehäuser gravando el consumo de bebidas alcohólicas y empujando a los vieneses a la oscura infusión. No te extrañe que, en esas condiciones, un viajero de finales del XVIII, cuyo nombre aún no conozco, escribiera esto sobre la capital de la música y el café:
"La ciudad de Viena está repleta de cafeterías, a donde van los escritores y los que se apresuran a buscar en ellas los papeles periódicos, para leer los avisos y artículos que contienen".
Otro escritor, Carlos Delgado, dibuja el plácido ambiente de los modernos locales vieneses en El libro del café, cuya lectura te recomiendo:
"Sentir el cálido silencio que reina aún hoy -tiempos de ruido y furia- en el interior de sus fascinantes cafés, cuya atmósfera parece anclada en siglos pasados".
¿Un poquito de Mozart en el reproductor y aroma de café en la cocina? ¿O te da miedo disfrutar de una intuición del Paraíso?

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6 comentarios:

  1. Está claro, cuando vaya a Viena me tomaré un café vienés escuchando a Mozart.
    Excelente entrada.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Suni. Yo también lo haré. Un abrazo.

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  2. ¡MAGNÍFICA ENTRADA, Maestro Jose Juán Picos!, digna de saborear de nuevo, sorbo a sorbo, junto a un buen café, vienés o expreso, y no como el que me acabo de tomar en cierto establecimiento burgalés de cuyo nombre no quiero acordarme, que parecía colado a través de un calcetín usado varios años por un 'pentatleta'.
    Gracias por citarme, a mí, al 'aria de mis duchas' (la del catálogo) y a Burgos, y enhorabuena por ese sentido del humor tan original con el que hacéis tan atractivos los descubrimientos que tacita a tacita nos vais sirviendo.
    A vuestro servicio, Maestro.
    PD: ¿Os imagináis que a don Milos Forman le da por titular su película como "THEOPHILUS"? Vamos, pa matarlo.

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    1. ¡Jajajaja! Me estaba imaginando el cartel en medio de la Gran Vía: "Teófilooooooorrr". Siento lo del aguachirle de pie de atleta. Y muchas gracias por tu comentario. Un abrazo y buen día.

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  3. No me da miedo, es una excelente combinación tomar un buen café escuchando a dña Elvira en el aria que dice:
    Mísera Elvira che contrasto da affeti in sen ti nasce. No recuerdo si está bien escrito, pues mi italiano es flojisimo.
    Excelente entrada.
    Un saludo

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    1. Pues me alegro de que no te dé miedo, la verdad es que buscaba provocaros. Yo tampoco sé si está bien escrito, pero qué importa. Muchas gracias por tu comentario, Yolanda.

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