sábado, 25 de julio de 2015


CITA EXPRÉS

Francisco de Melo Palheta


"Traje, con riesgo, 
cinco plantas de café"


"¡Vamos, chicos, al tostadero!" fue uno de los soniquetes de mi infancia. Un grano de café carioca, muy moreno él, con bastón de caña y canotier a lo Maurice Chevalier, animaba a congéneres de Brasil, Colombia y Puerto Rico a lanzarse a una tostadora industrial. Yo, que tuve algo de repelente niño Vicente, me preguntaba por qué tenían que tostarse si ya venían bronceaditos. ¡Ay, alma de cántaro! Eso era por culpa de la televisión en blanco y negro (¡Caray!, me habrás sacado la edad...).



Además del café, por entonces llegaban de Brasil la samba, la bossa nova, el carnaval eterno y Pelé. Luego vinieron los muslos de Xuxa y la garota del guaraná, que, para celebrar un gol, se tapaba la cara con la misma camiseta que debía ocultar sus pechos, duros y redondos como un balón de reglamento (¿o lo habré imaginado?): "¡Será, será, será do Guaraná!", aullaba un coro de hinchas en el estribillo.



El caso es que nunca, ya fuera en color o en blanco y negro, me cupo la menor duda de que los cafetos ya florecían en Brasil antes de que a Matusalén se le cayeran los dientes de leche. Pues no, ¡eeeeeeeerror!, estaba más perdido que el barco del arroz, que es una cosa que dicen en Cádiz. El cafeto nació en algún punto del Este de África, quizá en el Gran Valle del Rift, donde aseguran que vio la luz el primer ser humano. Los etíopes -invasores o esclavos- lo llevaron al Yemen; de allí se extendió por Arabia y alcanzó Constantinopla. De Moca partió a Venecia y Amsterdam y los holandeses lo trasplantaron en la Batavia índica y la Guayana atlántica. Pero hasta 1727 no se plantó un solo cafeto en Brasil. Lo que sí te garantizo es que aquel episodio histórico tuvo tintes de culebrón: hubo en él un galán aventurero, una dama que no lo quiso ser, noches de sexo a la luz plateada de un océano tropical y un gobernador cornudo y estafado. ¿Te lo cuento? ¡Qué pregunta!

En aquel año, Francisco de Melo Palheta (1670-1750) era oficial de mar y tierra en el ejército colonial de los reyes navegantes de Portugal. Reunía los oficios de sargento mayor y capitán de guardacostas y manifestaba un marcado gusto por la aventura, a tal punto que hoy los brasileños lo consideran un bandeirante. Al capitán general del Estado de Maranhao, en el Nordeste del país, Joao da Maia da Gama, le preocupaba en esos días que los franceses no respetasen las fronteras establecidas en el Tratado de Utrecht (1713). Es más, el gobernador militar estaba seguro de que las estaban violando.



"¿Qué fronteras?, ¿qué franceses?" -puede que te preguntes. Paciencia, que para eso estoy yo aquí. En esa zona del Nuevo Mundo encontramos hoy tres Guayanas, encajadas entre Venezuela y Brasil y las tres mirando al mar (con permiso de Jorge Sepúlveda). Una es la antigua Guayana británica, hoy Guyana; la segunda también fue colonia, pero holandesa, hoy Surinam; y la tercera es la última rebaba colonial europea en el continente (subrayo "continente") americano, la Guayana Francesa, que es un departamento de ultramar galo y una Región Ultraperiférica de la Unión Europea cuya capital irrita las papilas: Cayena. ¿Has leído, o visto, Papillón? Pues ahí tiene lugar ese drama carcelario. Por mucho que repitamos que la Primera Guerra Mundial fue la de 1914, las hostilidades barrocas, rococós y neoclásicas europeas ya tenían esa condición, dada la expansión de la Vieja Europa por los demás continentes. Si se luchaba en Cádiz, por poner un ejemplo, pues también se calaban las bayonetas en Goa y se cargaban los cañones en Panamá, con semanas de retraso, claro, que no había satélites ni cables submarinos.


Batalla de Cádiz (1702). Guerra de Sucesión Española.


Por el Tratado de Utrecht, que puso fin a la Guerra de Sucesión Española (1701-1713), Gran Bretaña se convirtió en el árbitro de Europa y España perdió su presencia en el Viejo Continente. Además, la monarquía española tuvo que hacer importantes concesiones comerciales a los ingleses en América. Con semejante ambiente y tal dibujo geopolítico, tenía lógica la suspicacia del gobernador de Maranhao. Portugal, Holanda y Gran Bretaña habían sido aliados de los austracistas españoles y enemigos de Francia y del rey borbón impuesto en Madrid, Felipe V. De hecho, el rey portugués, Pedro II de Portugal, demandó las tajadas de Colonia del Sacramento, en Uruguay -que consiguió-, y de Badajoz y Vigo en la Península -que no-. Así que la Cayena gabacha no estaba rodeada, precisamente, de simpatizantes; y todos se aguijoneaban entre sí tanto como los mosquitos que tan mala fama daban a las Guayanas. 

Maia da Gama era un hombre de arrestos, antiguo combatiente, mil veces herido en el Índico, donde Portugal tenía colonias, y en la guerra dinástica hispana. Así que ordenó a Melo Palheta, nacido en Pará, territorio fronterizo con la ensalada guayanesa, que comprobara que los marcos fronterizos entre el Brasil portugués y Cayena estuvieran en su lugar. Hay otra versión según la cual el sargento mayor tuvo que mediar en un conflicto territorial entre holandeses y franceses. Da igual, el resultado fue el mismo...


Oficiales luso-brasileños alrededor de 1730.
Dibujos de Jose Wasth Rodrigues (1922).

Aquella misión diplomática fue una tapadera, pues Francisco de Melo tuvo licencia, en realidad, de agente cafetero encubierto: no buscaba mojones, sino plantones. Los holandeses les habían robado una planta de café a los árabes del Yemen en el siglo XVII; cuentan que los franceses de Cayena les robaron otra a los holandeses de Surinam gracias a un mercader apellidado Morgues. Pero aquí también hay versiones: el café pudo llegar a la colonia gala desde el Caribe sobre 1720, gracias a una planta que el burgomaestre de Amsterdam le regaló a Luis XIV; un oficial de Marina, Gabriel de Clieu, llevó a La Martinica un pie nacido de aquella. En todo caso, los brasileños debieron de quedarse con el primer cuento y se aplicaron aquello de Quien roba a un ladrón... 

No tengo que explicarte que los colonos franceses guardaban sus pies de café bajo siete llaves y catorce candados. Quienes juran que Melo medió entre holandeses y franceses y que sus gestiones dieron fruto, también afirman que el portugués pidió como gratificación un cafeto. La carcajada del gobernador de Cayena, Claude D'Orvilliers, se oyó en Versalles. Picado, O Senhor Francisco se retorció el cabo del mostacho y le guiñó un ojo a la esposa del funcionario colonial, Marie Ducé. Ella tuvo que llevarse el abanico al rostro para disimular no solo el rubor, sino también una pícara sonrisa. Luego sorbió una pizca de rapé para bajar los pulsos y prevenir la jaqueca que las galopantes fantasías sobrevenidas le produjeron. Lo que pasara bajo el tontillo y las enaguas de la gobernadora tuvo que ser de órdago, pero a la grande... "¡Será, será, será do guaraná!", juran que gritaban los amantes, empeñados en estrechar como nunca los lazos franco-lusos. No se tuvo que portar nada mal el bravo brasileiro, pues, al despedirse, ella le regaló un ramo de flores en el que iba escondido un puñado de semillas de cafeto. Otra versión -una más- dice que ella le metió los granos en un bolsillo de la casaca, aunque no especifica si antes o después del desayuno.


La gobernadora consorte de Cayena, doblemente traidora.

De qué modo contrabandeó el galán, a mayores, cinco pies de cafeto no lo sé. Al fin y al cabo, lo que nos ha llegado de aquel episodio de inteligencia militar se basa en la crónica de un monje benedictino, Joao de San José: Viagem e visita ao bispado do Grao-Pará en 1762 y 1763, es decir, casi cuarenta años después. El caso es que, al llegar a Pará, Melo Palheta plantó los arbustillos y en 1734 -siete años después de su aventura- entraban en Lisboa tres mil arrobas de grano remitidas por la Companhia Geral do Maranhao e Grao-Pará. 

Melo Palheta planta café en Pará
(Henrique Cavalleiro, 1943).

Te he dicho que Francisco de Melo Palheta fue un bandeirante. En Brasil son considerados pioneros que ampliaron los límites de la Corona de Portugal en América y, en consecuencia, del país actual. Pero, según la Historia, tienen mucho de bandoleros, o de corsarios de tierra, pues actuaban bajo bandeiras, verdaderas compañías de hombres de guerra y caballeros de empresa -facinerosos en el habla de la época- que exterminaban o esclavizaban a los indios y monopolizaban la minería y el latifundio. Tuvieron entre sus mayores enemigos a los misioneros jesuitas. El capitán Rodrigo Mendoza, interpretado por Robert de Niro en La misión (1986), tiene rasgos de bandeirante. 

Melo Palheta alcanzó la frontera con el Perú español en una expedición de 1722 que salió de Belem, en la costa atlántica, y remontó el río Madeira. Llegó hasta la estancia jesuítica de Santa Cruz de los Cuajabas y allí conminó a los misioneros a no rebasar determinada línea fronteriza, entre los ríos Guaporé y Mamoré.

Juan V de Portugal, por Pompeo Batoni.
Por ese y otros servicios prestados a la Corona, que superaban con mucho sus cuarenta y ocho mil reales de sueldo, nuestro bandeirante solicitó a Juan V de Portugal (1689-1750), apodado El Magnánimo, que le financiara la compra de un centenar de esclavos y cincuenta indios para trabajar en su cafetal, por hallarse "muy falto de siervos". Acreditaba su celo y lealtad a la monarquía con la hazaña protagonizada en Cayena, de donde trajo, con riesgo, "mil y tantos frutos de café [...] como también cinco plantas de las que ya hay muchas" en Pará. El valor de aquella acción de guerra económica protagonizada por el sargento mayor Melo Palheta fue reconocido un siglo más tarde por Pedro I de Brasil. 
En 1822, cuando todavía era príncipe regente, enmarcó sus armas con una rama de tabaco florida y otra de café en sazón; aquellos símbolos permanecen hoy en el escudo de la República Federativa del Brasil.


Esta que acabas de leer es la última CITA EXPRÉS de la temporada, desde que allá en febrero pusiera en entradas una idea que, en principio, me pareció peregrina. He de reconocer que ya no puedo tomarme una taza de café sin sentir que toda su historia baja por mi garganta. He aprendido una barbaridad y me he divertido, espero que tú también. Durante el mes de agosto cederé este espacio en mi blog -con mucho gusto y enorme agradecimiento- a unos invitados muy especiales que, cada uno a su modo, te seguirán hablando del café. Deseo que descanses y disfrutes porque no me cabe duda de que, por unas u otras razones, te lo habrás merecido. Permíteme un consejo: si vas a tomar un café con hielo -por el calor- usa cubitos de café; haz una cafetera, déjala enfriar y reparte su contenido en una(s) cubitera(s) del frigorífico, me lo agradecerás. ¡Nos vemos en septiembre! Besos y abrazos.


SI QUIERES LEER LA ENTRADA ANTERIOR DE ESTE BLOG:
http://vientodemisvelas.blogspot.com.es/2015/07/cita-expres-benjamin-franklin-el-cafe.html



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8 comentarios:

  1. ¿Cubitos de café? Mmmmmm. Tomo nota, amigo cafetero.

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    1. Veo que os ha sorprendido. A mí también cuando lo tomé en una cafetería que no consigo recordar. Tal fue la sorpresa...

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  2. Hola. Estoy con mi café con leche casero (vaso de cuarto de litro, sin hielo y mucha leche) leyéndote que es un primor, porque ahora ya sé cómo fue lo del café brasileiro y la erótico-historia de amor pasional que surgió entre Marié Ducé y Francisco de Melo y su puñadito de semillas de cafeto que misteriosamente creciera como la espuma hasta alcanzar Lisboa...
    Trepidante entrada que me ha amenizado estupendamente la tarde. Un placer leerte, José Juan.

    Por cierto, te he nominado al premio Dardos. Puedes pasar a recogerlo a mi blog cuando gustes
    http://nuevoviajeaitaca.blogspot.com.es/2015/07/nueva-concesion-del-dardos-un-premio.html

    Enhorabuena, te lo mereces!!
    Abrazos

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    1. Me alegra mucho haberte hecho pasar un buen rato. Sí, la verdad es que parece un culebrón. Muchas gracias por tu comentario y por ese Premio Dardos. Es muy gratificante. Y enhorabuena por el tuyo, tú también te lo mereces.
      Un abrazo.

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  3. Bueno, bueno, mi amigo el bloguero cafetero de vacaciones y yo aquí presumiendo con mis amigos y amigas de estas magníficas entradas sobre el susodicho café.
    abrazos

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    1. Pues muchas gracias, Suni, ¿qué tal las tuyas? ¿Con qué magníficas imágenes nos vas a sorprender? Abrazos para ti también.

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    2. Pues muchas gracias, Suni, ¿qué tal las tuyas? ¿Con qué magníficas imágenes nos vas a sorprender? Abrazos para ti también.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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