sábado, 11 de julio de 2015

CITA EXPRÉS

Pedro Teixeira



"Es de provecho para 
almorranas y ventosidades"


Ya son diecinueve citas sobre el café, sin contar esta, las que lleva sobre el lomo este blog. Por naciones, sus autores se reparten así: seis franceses, cuatro británicos, tres alemanes, dos italianos, un griego, un austriaco, un polaco y un hebreo: Dios... Te has dado cuenta, ¿verdad? No me cabe duda, sé que te sobra perspicacia. Así es: hasta hoy, ningún español en esa lista. 

¡Pues claro que hay un porqué! Es posible que en España hayamos inventado el catálogo de cafetear más largo jamás creado. Y, sin embargo, fuimos los últimos en aficionarnos al café. Será por eso que luego corrimos como pollos sin cabeza para inventarle versiones: tocaet, carajillo, nube, manchao, mediana, con gotas, de pota, biberón... Como los cuentos de Sherezade, vaya, mil y una. Puedes encontrarlas en Internet, separadas por comunidades, provincias, ciudades y barrios.


Xocoatl, la bebida de los dioses de las culturas precolombinas.

Y ahora te cuento la causa. Es corta de explicar: el chocolate tiene la culpa. Sí, como lo lees. Desde que Hernán Cortés observó a los caciques aztecas mezclar el cacao con ají y harina de maíz y se maravilló del latigazo de energía que otorgaba, el xocoatl se convirtió en la bebida nacional del lado viejo del océano, eso sí, endulzado con azúcar y aclarado con leche:


¡Oh, divino chocolate!,
que arrodillado te muelen,
manos plegadas te baten
y ojos al cielo te beben.

La apología es del erudito Marcos Antonio Orellana (1731-1813), que vivió en tiempos de Carlos III, un rey que desayunó chocolate con leche todas las mañanas de su vida. A pesar de esa obsesión del "mejor alcalde de Madrid" por la bebida mesoamericana, fueron sus parientes borbones los que trajeron el café a España. Ya hicieron el experimento, sin éxito, con el último Austria, Carlos II el Hechizado (1661-1700), al que Luis XIV invitó a un cafecito en el castillo de Freÿir, en Bélgica, mientras le dejaba claro quien  iba a ser el nuevo dueño de Europa. Pero no nos vayamos tan lejos...

A caballo entre los siglos XVI y XVII nacieron en Portugal tres tocayos, de nombre Pedro y de apellido Teixeira. Por año de nacimiento, el primero es un sertanista del Brasil colonial, -prototipo de los bandeirantes-, mezcla de soldado, explorador y bandolero. Recibe su apelativo de sus correrías por el sertón, la altiplanicie semiárida del nordeste brasileño. Hay diecisiete años de diferencia entre las dos fechas posibles de su nacimiento: 1570 o 1587. Más segura -la muerte siempre lo es- tenemos la fecha de su óbito, en 1641.


Teixeira, avanzado del sertón brasileño.
El tercero de los tres Pedros -permíteme el salto-, Teixeira Albernaz, vio su primera luz en Lisboa hacia 1595. Cerró para siempre los párpados en 1662, en la ciudad a la que regaló uno de sus planos más famosos: Mantua Carpetatorum sive Matritum Urbs Regia (1656), o, en castizo, El plano del Teijeira, que's dabuten. ¿Te he dicho ya que es un mapa de Madrid?

Tampoco tendré que explicarte que este segundo Teixeira fue cartógrafo, pero sí añadiré que tuvo patente de corso para hacerse con más de un botín; no estaban los tiempos -eran los de Felipe IV- para despreciar ninguna oferta de trabajo, como ahora mismo, vaya. Y es que, según a quién le preguntes, vivimos otro Siglo de Oro, con pícaros, buscones y monipodios, pero sin Fénix de los Ingenios.

Mantua Carpetatorum sive Matritum Urbs Regia, de Pedro Teixeira Albernaz (1656).



Así llegamos al Teixeira que firma la cita exprés de hoy (algo escatológica, es verdad). Este viajero -otro más de la época- pudo nacer en Coimbra en 1575 (depende del historiador al que le preguntes). Era lo que, por entonces, se conocía como marrano, es decir, un judío convertido al catolicismo. Creció y murió bajo la Monarquía Hispánica, cuando ambas naciones -España y Portugal- estaban unidas por los reyes de la Casa de Austria. Entre sus muchos méritos, que los tuvo, figura el que lo trae hoy aquí, el de ser el primer castellanoparlante que escribió sobre el café. Y lo hizo en un libro de viajes que tituló con generosidad verbal (coge aliento):
Relaciones de Pedro Teixeira d'el origen, descendencia y suçcesión de los Reyes de Persia y de Harmuz, y de un viage hecho por el mismo autor dende la India Oriental hasta Italia por tierra.
Su primera edición salió del taller de Jerónimo Verdussen, impresor de Amberes, en 1610. La obra tuvo cierto éxito, pues se tradujo al latín, al francés y al inglés. 

Teixeira se embarcó en 1586 para Goa, colonia hispánica en el Indostán, y regresó a Europa, también en barco, en 1601. Tuvo fama de hombre discreto y administrador honrado y competente, por eso llama la atención que unas deudas lo hicieran volver a las Indias Orientales en 1603: "La cosa que menos me entrara en el pensamiento", asegura. Cuando hubo arreglado sus asuntos, decidió retornar a la Península Ibérica por tierra; es este viaje el que describe en sus Relaciones.

"Espera, espera, que me he hecho un lío -podrías decirme-, ¿cómo que Teixeira era castellanoparlante?". Sí, sí, he dicho bien: castellanoparlante; si hubiera querido decir lusoparlante, lo habría dicho. Te lo explico; según algunos especialistas en su vida y obra (que los tiene), Teixeira fue un iberista: "Tuvo conciencia de ser hispano". En consecuencia, decidió escribir en la lengua de Castilla. También hablaba persa y árabe y se defendía con algunos rudimentos de otras lenguas orientales, portugués materno aparte, claro está. Pero a lo que íbamos: Teixeira describe en su libro de viajes el cafeto y su grano y detalla el aspecto y sabor de la poción:
"Hay otra manera de bebida muy uzada por toda Turquía, Arabia, y Surya, dicha Kaoáh; es una simiente, muy semejante a pequeñas havillas sequas, trahese de Arabia, cuezese en casas para ello deputadas. El cocimiento es espeso, sobre negro, y inçipido, y si algún gusto o sabor tiene es declinente àmargo, pero poquísimo..."
Ese Kaoáh es la primera mención conocida del café en castellano, antepasado del cortaíto que hoy te tomas tú. En cuanto a "las casas para ello deputadas" -las kahve kane orientales- dice que son públicas, pues en ellas "se juntan todos los que quieren":
"Y por unas escodillas de porcelana de China que llevarán hasta quatro o cinco onças [casi 150 gramos], van dando à los que piden, que tomadas bien calientes están soplando y sorviendo [...] Esta casa estaba cerca del río, sobre el cual tenía muchas ventanas y dos galerías, siendo un lugar muy placentero".

"Turca bebiendo café". Anónimo (Museo de Pera/Estambul).

No olvides que seguimos a horcajadas entre el XVI y el XVII, una época en la que los frutos exóticos que llegaban a Europa eran considerados, a la pata la llana, veneno o remedio, tabaco incluido. Así pues, no es raro que Teixeira hable en su obra de los efectos del café en el cuerpo humano, y más si tenemos en cuenta su interés personal por la farmacopea:
"Dizen los que la suelen bever, que es de provecho para el estómago, para las ventosidades y almorranas, y que despierta el apetito".

Hoy en día, habría médicos que no estarían de acuerdo con este buen trotamundos, pues todavía se debaten -como en tantos alimentos- sus beneficios y perjuicios. Yo creo -y seguro que tú también- que lo que hay que hacer es aborrecer el sentimiento de culpa que una sociedad que se dice laica alimenta a diario con tanta cháchara pseudoinformativa. Bien te sentará el café si bien lo tomas... Y tú lo sabes, y yo lo sé. ¡Salud!


SI QUIERES LEER LA ENTRADA ANTERIOR DE ESTE BLOG:
http://vientodemisvelas.blogspot.com.es/2015/07/cita-expres-lord-byron-clavo-canela-y.html




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6 comentarios:

  1. Vaya, pues sí que hemos sido tardíos los españoles en el delicado arte de tomar café!!! Que por cierto, ahora es de lo más común, pero qué elitista su práctica en la época que citas y aun así, se consideraba remedio para los intestinos, más que delicatessen...Muy interesante y curioso. Lo que no aprenda yo contigo...jeje. Los del siglo XVI y XVII si se dieran un voltio por los bares y cafés actuales, creo que fliparían un poco, y no tendrían más remedio que sumarse, pero también es verdad que fue un producto importado, no autóctono. Me ha encantado este post, a ver cuándo uno nuestro, porque Teixeira aunque ensalzaba la hispanidad era portugués! ;-) He disfrutado mucho con la lectura.
    Un abrazo, amigo

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    1. Muchas gracias, Marisa. Te echaba de menos por aquí, pensé que estarías de vacaciones. Pues sí, creo que si alguien de la época se pasara de buena mañana por una cafetería actual, le estallaría el cerebro. Y no creas que, fuera de algún médico, hay citas españolas sobre el café, pero estoy en ello. Un abrazo, amiga. Y gracias por tus comentarios.

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    2. Yo también te he echado mucho de menos, he estado liadilla. Pero aquí estoy José Juan. Aparte, no mola nada ser hija pródiga, jajjaa (es broma), pero estoy encantada de volver a verte.

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    3. ¡Jajaja! Sí, lo imagino, porque te he visto poco también por Google+. Espero que puedas descansar este vetano. E igualmente.

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  2. A pesar de estar de vacaciones no he podido resistir la tentación de tu cita.. como siempre aprendiendo de tus historias....
    Un abrazo

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    1. ¡Qué sorpresa, Suni! Y yo que te hacía en algún lugar apartado lleno de maravillas medievales. Muchas gracias por dedicarle un momento de tus vacaciones a las aventuras del café. Un abrazo.

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