martes, 7 de octubre de 2014


ESCRIBO Y NO ODIO A LA ESTEBAN,

¿ES GRAVE, DOCTOR? (y 2)


Promoción de mi libro "Sálvame: la telebasura como autoayuda" en SB e&books


    Decía en la anterior entrada de este blog que uno de los tópicos de los autores incomprendidos (y de muchos otros, la verdad) es el desprecio por Belén Esteban: "¿Cómo es posible que no me publiquen a mí y que esa tenga un libro? ¿Cómo es posible que yo no venda ni una escoba y que a esa se los quiten de las manos?". Y también decía que no comparto esa opinión: la de San Blas no me ha quitado a mí ninguna oportunidad. Creo -y esto no me hará ganar amigos- que hay autores que publican sin ser best sellers porque los libros de la Esteban, de Jorge Javier Vázquez o de Maxim Huerta forman parte del catálogo de su editorial y así pueden ir tirando. El Real Madrid y el Barça están plagados de grandes jugadores, pero las camisetas las venden Cristiano y Leonel.
   Uno de mis autores favoritos es Robert Louis Stevenson. Así habla de Shakespeare, ni más ni menos, en su ensayo "En defensa de los ociosos":

Supongamos que Shakespeare hubiese sido golpeado en la cabeza [de niño]; el mundo habría continuado, mejor o peor, su curso, el cántaro habría seguido yendo a la fuente, la hoz al grano y el estudiante a sus libros; y nadie habría notado la pérdida.

   Si eso escribió sobre el autor de Hamlet: ¿qué no diría de un laborioso, pero desconocido e indignado, aspirante? Lo que digo es que el victimismo es una droga muy potente y adictiva. Y eso abunda entre quienes, por hacer frente al folio en blanco, creemos que los planetas deben dejar de rotar y trasladarse y las editoriales y agencias han de sacar sus puertas de quicio para que entremos triunfales. Esa droga, una forma de soberbia, nos empujará, como las demás, a perder el sentido de la realidad.

    En estos últimos cuatro años he publicado cuatro obras, por este orden: una novela histórica que duerme y coge polvo en una mesa de Planeta; otra picaresca publicada por un mecenas gallego y luego autoeditada en Amazon, a la que se une un callejero histórico que la completa (en imprenta); y, de últimas, un ensayo sobre Jorge Javier Vázquez, en SB e&books, la editora digital de Sandra Bruna, la prestigiosa agente literaria, ¿Qué he aprendido? Que cuanto más conviertas tus originales en productos -literarios, sí, pero productos-, más cerca estarás de que te hagan caso. ¿Quiero decir que no debes escribir aquello que te salga de las entrañas? No, pero depende: si quieres salir del hormiguero, tú verás. Los ideales románticos, en las relaciones y en las vocaciones, ha hecho tanto daño a las relaciones maduras y a la autorrealización como el tocino a las arterias (aunque diga lo contrario un estudio de la Universidad de Wichita patrocinado por salchichas Mayer).

    Esteban, Vázquez o Huerta se han convertido a sí mismos en productos y, lógicamente, venden. No se trata de que hagas lo mismo, sino de que si te nace escribir una novela zombie-erótica, no se la mandes a los señores de Cátedra. Defínete y ubícate bien para empezar. Sé no solo escritor, sino también editor, distribuidor, jefe de prensa, relaciones públicas, comercial y todo lo que sigue. Ya sé que es lo mismo que dice Risto Meijide, pero no lo inventó él y, en todo caso, tiene razón.

    Y no olvides que los lloriqueos son como el spam: fastidian una barbaridad.



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SI QUIERES SABER MÁS SOBRE MI NOVELA:
Y SI QUIERES TENER OTRA PERSPECTIVA DE LA TELEVISIÓN:

2 comentarios:

  1. Una editorial no deja de ser una empresa cuya función es ganar dinero y, seamos sinceros, un libro de Belén Esteban va a generar más ingresos que uno escrito por un señor al que conocen en su casa a la hora de comer. La calidad literaria no tiene nada que ver con eso, y al señor que conocen en su casa a la hora de comer, Belén Esteban no le está quitando ni lectores ni posibilidad de que le publiquen a él.

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  2. Yo he necesitado más líneas para explicar justamente eso. ¿Qué puedo decir?

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